A las 10 (Sasusaku)

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A las 10 (Sasusaku)

Mensaje por Blue Recovery Leira el Jue Mayo 04, 2017 1:30 am

Titulo del fanfic: A las 10…
Autor/a: Blue Leira
Género: (Romance, drama,
Clasificación: quien quiera leerlo
Advertencias: Puede que haya un poco de temas eróticos o lemon.
Serie: (Naruto
Resumen: A las 10 de la mañana Sasuke la ve y se enamora de ella, siempre quiso preguntarle su nombre pero nunca se atrevió.
A las 10 de la noche Sasuke lo ve y lo repudia, la única razón por la que no le atesta un golpe es por que quiere saber si su cabello del mismo color que el de ella tiene alguna relación.
A las 10 Sasuke se entera que odia y ama a la misma persona
Publicaciones: Mundo SasuSaku. Deadpassions. Fanfiction

A las 10 de la mañana yo la veía venir como siempre al café de la luna.
Un lugar desolado al que solo van las personas que ven las cosas de una manera diferente. Un lugar solitario para personas solitarias como yo.
Sin embargo, ella no parecía solitaria, por el contrarío, era feliz, y su sentimiento lo esparcía por el lugar como si fuera una enfermedad. Tal vez ella fuera una enfermedad, una de esas que no se curan y se hacen cada vez más grande, probablemente lo fuera, pues solo la miré y quedé idiotizado.
Tenía un color de cabello bastante peculiar –otra razón más para creer que ella tenga malestar- era rosa, no de esos rosas chillones que usan las chicas que se creen muñecas, no, era de rosa pastel, dulce y sensible. Estaba peinada con una trenza de medio lado, una que al parecer solo hizo por que estaba aburrida porque algunos cabellos no se quedaban en su lugar y ella quien lo percataba no hacía nada para arreglarlo.
A las 10 recuerdo haberla mirado de reojo y ella me devolvía el gesto con una sonrisa afable, fue la primera curva que me hizo tan feliz… vi sus ojos esmeralda, que parecían 2 joyas genuinas y créanme que si la decisión fuera mía, los miraría por todo el día.
Hablamos con los ojos, diciendo todo sin decir nada.
A las 10:30 desvíe la vista.
A las 10 :30 ya no estaba ahí.
Solo puedo decir que a las 10 en ese mismo café fue cuando no pude dejar pensar en el color rosa, ni en el color verde.
Solo puedo decir que a las 10 inicio esa costumbre de verla siempre ahí, a la misma ahora.
Siempre a las 10 de la mañana…

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A las 10 de la noche lo conocí en el callejón del silencio.
Lugar en el que solo van las personas que ya no tienen nada que perder.
Un lugar peligroso para personas peligrosas justo iguales a mí.
Él sonreía juguetonamente, como sí estar ahí fuera lo más normal del mundo, sin embargo él no sabía lo que le pasaba a los novatos confianzudos.
Su arrogancia y altanería me obligo a detenerlo y cuando le miré a los ojos, la pude ver a ella, sorprendida de mi atrevimiento de acercarme.
Vestía una gorra roja puesta al revés, una chaqueta del mismo color y una mirada un tanto hostil pero sin dejar de tener cierta compasión que intentaba ocultar.
Su cabello de color rosa largo y sin cuidar, fue objeto de burlas entre los demás camaradas las cuales el novato acepto abiertamente.
A las 10 de la noche me reto a una pelea.
A las 10 de la noche acepte con gusto.
A las 10:30 de la noche no pude dejar de odiarlo.
A las 10:30 de la noche ya tenía un ojo morado.


Capítulo 1.
Cuando todo inicio

Eran las ocho de la mañana y el sol ya molestaba mis ojos.

Sin ganas me levanté lentamente de la cama, estirándome y llevando el rumbo hacia la cocina pensando lo que podría desayunar.

Mis padres se encontraban fuera de la casa en un viaje de negocios y mi hermano al ser ya mayor de edad, vivía en su lujoso departamento ganado con el “esfuerzo“ de su trabajo, y pongo aquella palabra entre comillas por que fue un regalo de mi padre como pago a sus 2 primeras semanas de ser empleado en la empresa.
Aquello me exasperaba demasiado, Itachi siempre fue el hermano predilecto de mi padre y no importaba lo que hiciera yo, jamás me prestaba atención.


Los pájaros cantaban sus tonadas molestas y las madres comenzaban a hacer las comprar por el mercado de mi calle.

Llegué al refrigerador, maldición, no había nada para comer.

¿La leche? Caducada.
¿El queso? Con moho.
¿ El pan? Duro.

Suspiré cansinamente, aún tenía suficiente dinero en la billetera como para almorzar decentemente.

Volví a mi dormitorio a cambiarme, no era mucho, solo una camisa negra con una pantalonera del mismo color, ni siquiera me peiné ¿A quien quería impresionar? Después de todo solo iría a desayunar en cualquier lugar que se me antoje.

Las calles parecían animadas y ¿Cómo no iban a estarlo? Si era sábado y el lunes no teníamos clases, prácticamente un momento perfecto para hacer una fiesta, ir de viaje, o pasártela en cama como era mi plan.

Busqué cualquier lugar donde calmar esta hambre, en realidad no me importaban las apariencias, siempre y cuando tuvieran comida que me gustara siguiera todas las reglas de salubridad.

Pasaron los minutos y todavía nada, todos los lugares que conocía estaban atiborrados de gente ruidosa. Odio a la gente ruidosa.

Y entonces vi un lugar que nunca había visto, se encontraba en un rincón de la calle.
Me sorprendía que jamás lo haya notado, después era un lugar grande; un poco antiguo sí, pero grande.

Se trataba de un edificio al estilo ingles construido probablemente en la época colonial. Estaba repleto de ventanas de todos los colores, literalmente TODOS los colores; había tantas ventanas que ni siquiera dejaban ver su pared color azul, no me preguntes qué clase de azul, por que el color iba del más claro al más obscuro.
*
Imaginen por favor que es como la casa de mansión Foster para amigos imaginaros.
Pd: Adoraba esa serie.
*
Y junto a la puerta- que era de madera blanca- se situaba un letrero con letras un tanto desgastadas que
Citaban “ Café de la luna“.

No sé por qué, pero me entro la curiosidad de entrar. Al fin de cuentas el lugar era lo bastante amplio para que 100 personas comieran en solo una sala, además claro que servían comida.

Me senté en una mesa junto a la ventana, el mantel era blanco al igual que la silla.

En el techo reposaba un candelabro ostentoso, lleno de cristales color azul que iluminaba la sala aun sin necesidad de luz. Como dije, eran las 8 de la mañana por lo que el sol se encontraba en su punto mostrando su calidez.

Observé el menú reflexionando en lo que pediría.

La mayor parte de las cosas eran dulces, como pastel, panqueques, dangos.

Todo de lo que Itachi gozaba y yo aborrecía.

— ¿Ya sabe lo que va a pedir, señor? — preguntaba una chica vestida con camisa blanca bajo un vestido negro. Fruncí el seño al escuchar la palabra señor, por dios tengo 16 años, no 38.

La chica era sencilla.
Cabello azabache corto, piel blanquecina y ojos perlados.
Se sonrojaba mucho y aquello me frustraba.

Si, soy un guapetón (nótese modestia) ¿Pero no podría simplemente tomar mi orden sin que sufriera un colapso? Por que parecía que eso estaba apunto de suceder, quiero decir, la chica se encontraba completamente roja, casi sudorosa.


— No, aún no, — suspiré molesto — ¿No tienes algo que no sea de la fábrica de chocolates de willy wonka? No soy muy aficionado al dulce.

La chica dio un respingo, nerviosa por la pregunta que acababa de hacerle y miro a todos lados como si de alguna manera la respuesta estuviera escrita en la pared.

— Emm yo… — respondió observando al suelo. Dios, que exasperante. — Este… voy a preguntar.

—Ni te preocupes Hinata, si quieres yo lo atiendo. — replicó una voz armoniosa y ni me moleste en mirarla, seguramente otra fan. La otra chica que me atendía se marchó agradecida y fue así como quedamos ella y yo— Bueno, tenemos huevos divorciados, pan con mantequilla, salchichas asadas, huevos con tocino, omellete de champiñones, gohan, sopa miso, sopa won ton y yakimeshi. Eso claro si gusta el menú del desayuno.

— Mmm —quedé pensando en lo que se me antojaba y también en la comida, la mayor parte del menú no era el típico menú japonés. Comida nueva, aquello sería interesante. — Dame unos huevos divorciados por favor.

— Enseguida se los traigo — dijo apunto de marcharse, sin embargo se detuvo a los 5 pasos, como queriendo asegurarse de algo— ¿Algo de tomar señor?
Maldición, no había pensado en la bebida, y como la mayor parte del menú, era todo sabor azúcar. No podía creerlo.

La chica al parecer capto mi dilema y me salvó de morirme de sed.

— Tenemos jugo de limón. —sugirió.

Asentí con la cabeza con gesto agradecido.

—Jugo de limón entonces.

—Muy bien, enseguida se los traigo señor.

Fruncí el seño –mi actividad favorita en la vida- otra vez la palabra señor.

— Por favor, solo dime Sasuke.

La chica quedó sorprendida, al parecer era la primera vez que un cliente pedía que lo llamaran por su nombre, pero se recuperó rápidamente.

— Como guste… Sasuke — dios, mi nombre en sus labios sonaba tan… wow — Por cierto, me llamo Sakura, a sus órdenes.

Y fue ahí cuando la miré, el reloj acababa de dar las 10.
De ahora en adelante jamás olvidaría ese número.


Blue Recovery Leira

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